99 años de experiencia en liderazgo humanista

¡¡¡Ahí está, con sus 99 años y un empuje envidiable!!!

Toda una vida vivida con ilusión, paciencia, magnifica actitud, gran fe y mucha generosidad personal… sí, de esa inagotable que nunca depende de que haya o no riquezas materiales sino de la anchura del corazón y el deseo de darse a los demás.

He aprendido de ella siete cosas fundamentales que llevo a mi día a día de manera constante porque así me lo inculcó desde pequeño.

1. Llévate bien contigo mismo.

¡Te vas a necesitar toda la vida, respétate! Nos lo recordaba cada vez que teníamos una crisis personal o un punto de inflexión vital. ¿De qué te sirve tu propia falta de aceptación si vas a tener que estar toda tu vida contigo mismo? Acepta las cosas propias que te gustan menos, sacúdete complejos, que son fruto de tu propio juicio severo y mira hacia adelante valorando las muchas magnificas cualidades que tienes. Vas a estar en ti toda la vida sin posibilidad de huida. Vive con la conciencia en paz.

2. Escoge con libertad a qué quieres dedicarte.

¡Decide por ti mismo y con sensatez; siempre te respaldaré! Esa libertad suponía una muy alta responsabilidad y una exigencia asociada: «Ya que habéis escogido con libertad lo que queréis hacer porque es lo que más os gusta, sólo pido que seáis de los mejores». Con estas palabras nos ponía delante de nuestras decisiones y nos invitaba a ser coherentes y comprometidos, algo que muchas veces cuesta ser. Ella sabe que cuando amas lo que haces, lo haces mejor y con más facilidad que cuando afrontamos algo impuesto. ¡Quiero que disfrutéis de vuestro trabajo y lleguéis con una sonrisa a casa siempre que sea posible! Vuestra familia lo agradecerá.

3. Trata siempre bien a la gente; la vida da muchas vueltas.

Insistía con sabiduría: «Hoy quizás estás en una situación privilegiada y mañana puede que estés en una etapa difícil. Ofrece siempre un trato excelente, cargado de respeto y transmitiendo dignidad; nunca sabes por mano de quien te puede llegar la ayuda que necesites en situaciones de adversidad». Y lo cierto es que eso se nos metió debajo de la piel. La cercanía, la calidez, el respaldo, una palabra de aliento… incluso con los que nos caen peor.

4. Vete de los sitios manteniendo la mirada alta y deja siempre una puerta abierta.

Nada de malas maneras o de revanchas inútiles. Nada de soberbias y egos enarbolados. Cuando abandones una empresa, dejes un club, cambies de trabajo o te mudes de casa y vecindario, que el buen recuerdo que dejes sea la llave que mantenga las puertas abiertas en las relaciones humanas. Ponerse gallito aporta bien poco y te puede perjudicar más de lo que crees. Da gracias por haberles conocido y deséales lo mejor en tu partida.

5. Qué se den cuenta de que te has dado cuenta.

Habrá quien quiera engañarte o aprovecharse de ti. Los habrá que te metan gato por liebre o que quieran llevarte a su terreno con unos intereses que desconoces. Cuando te des cuenta de ello, en vez de montar la bronca, pon sobre la mesa la evidencia del encaño o de la intención oculta y déjales al descubierto. Sólo eso y la rectitud de tu comportamiento es más severo castigo que muchas represalias que quieras llevar a cabo.

6. Tu educación hablará de ti cuando tú no estés.

Quizás haya ocasiones en las que pierdas la razón o simplemente no la tengas. Es muy posible que te veas envuelto en situaciones incómodas o sobrevenidas que tendrás que resolver de la mejor manera posible, incluso en algunas circunstancias llegues a verte sobrepasado; es en esas circunstancias en las que deberás ser imbatible en educación y respeto. Ni que decir que cuando todo va a favor la educación es lo normal, la clave es mantenerla cuando todo hace que las clavijas salten por los aires.

7. Ten fe y reza. Confía: Dios y la Santísima Virgen siempre te acompañan.

En este orden. Cuando las cosas te vayan bien, da gracias a Dios en oración. Piensa que eres de los que vivimos en una burbuja con más y mejores recursos que el 90% de la población mundial. Cuando te vaya mal, da gracias por lo que tienes y eleva tu mirada también en oración para pedir fortaleza en el esfuerzo y la dificultad que debes afrontar. Viniste desnudo y con las manos vacías; y te irás igual, por eso, entrega tu mejor disposición y esfuerzo hacia lo que tengas por delante. Es una elección de vida interior que te permite vivir desde la generosidad y la gratitud.

Ahora sólo te queda aplicarlo a tu día a día. ¡Adelante!

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